del que dices simplemente escritor... -->
Pero a mí, la verdad, sólo me interesaba
San Lorenzo. Aquella iglesia fortificada era el escenario de su última, más explícita y a la vez más olvidada profecía. Nostradamus, que murió en 1566 a la edad de 62 años en la cúspide de su fama, había dictado a su notario Joseph Roche el lugar en el que sería enterrado...al cabo de 200 años. El propio Roche, escéptico, tachó aquella indicación, dejando un molesto borrón en su testamento. El notario sabía que, por expreso deseo de su viuda, Nostradamus iba a ser enterrado en el convento de Les Cordeliers, y no donde el profeta le había indicado. ¿Por qué entonces insistió tanto en que su tumba estaría «en el sepulcro de la iglesia colegial de
San Lorenzo, de la mencionada Salon, y en la capilla de Nuestra Señora en cuya pared se desea hacer un monumento» (sic)?
Cuando crucé el pequeño arco de medio punto que da paso a la fresca iglesia de
San Lorenzo, temblé. Si mis cálculos no fallaban, estaba a punto de darme de bruces con el único vaticino no ambiguo de Nostradamus. El único que no cifró tras su oscuro lenguaje metafórico, sembrado de equívocos. Y eso, en el caso de este controvertido personaje, no era poco decir.
tras el entierro de Nostradamus en su primera tumba, varios profanadores la saquearon llevándose de ella textos con nuevas centurias.Tras el estallido de la Revolución Francesa en 1789, el convento de Les Cordeliers fue, en efecto, destruido. La tumba del vidente se abrió y sus huesos se dispersaron, pero allá dentro no se halló texto alguno. Ni entonces ni después. Sólo en 1791 alguien se acordó de sus restos mortales, los recogió y los llevó a la iglesia de
San Lorenzo para su sepelio. Pero, por increíble que pueda parecer, no lo hizo movido por el testamento tachado que dictara 225 años antes, sino por un extraño juego del destino.A fin de cuentas, la nota profética que señalaba la pared en la que se excavaría el nicho de Nostradamus no se hallaría hasta 1990, cuando un estudioso del personaje, Robert Benazra, la publicara en su Repertoire chronologique nostradamique
Nostradamus lo sabía. Conocía la fecha de su muerte y también que sus huesos descansarían tras aquella placa de piedra en Salon que tenía frente a mis ojos.